viernes, 12 de noviembre de 2010

España (1989)

En 1989 fui a un congreso en Barcelona y luego me quedé un mes en Madrid para investigar, sobre todo en la Filmoteca, donde pude ver una copia de la película de François Bourgois sobre Colón y Alba de América. Yo tenía el proyecto de escribir un artículo sobre “Colón en la pantalla” y, de ser posible, armar un documental con segmentos de las películas para el V centenario del desembarco de los europeos en esta parte del planeta. En Madrid logré alojarme en la antigua Residencia de estudiantes donde se conocieron Buñuel, García Lorca y Salvador Dalí, que ya se había convertido en una residencia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que es el organismo español equivalente al CONACYT.

La residencia se encuentra en un recinto arbolado con otros edificios del mismo organismo y, aunque oficialmente se encuentra en la calle Pinar 21, hay otra salida a la calle Serrano cerca de un VIPS, donde se lucen las chicas guapas. Me quedé ahí un mes y pagué mil dólares por una habitación con baño y la pensión completa, pero luego me han dicho que la tarifa ha subido mucho y que ya es una residencia de lujo para investigadores destacados. En el comedor ya entonces nos servían camareras uniformadas y además de innumerables científicos extranjeros se alojaban ahí algunos jóvenes becados por el ayuntamiento. También encontré a varios hispanistas que había visto en Barcelona y a un viejo arquitecto español que había vivido décadas en México, donde tenía hijos y nietos. Se trata, en fin, de un lugar muy agradable y me parece que algo así hace falta en México. Es una lástima que no se estableciera en los edificios que ahora ocupa la Casa de la Cultura Reyes Heroles o en algún otro sitio parecido.

Yo le escribí a varios funcionarios e incluso mandé una carta a La Jornada que luego se recogió con otras propuestas parecidas, pero hasta el momento no ha tenido resultado, qué se le va hacer. La Filmoteca está muy alejada, pero por suerte yo tenía un automóvil que me habían prestado los padres de Catherine. Y así pude ver en la filmoteca las películas mencionadas y analizarlas tranquilamente con ayuda de una moviola. Además, logré que me dieran copias en formato Beta, pues yo quería seleccionar los segmentos que luego habría que montar. Y esperaba conseguir copias de otras películas y series de televisión. Desafortunadamente, no conseguí el apoyo necesario; el Dr. Yacamán me dijo que recurriera a IMCINE o a Televisa, pues “el CONACYT no apoya películas”.

En vano le traté de explicar que lo original de mi proyecto es que no sólo quería escribir un artículo como resultado, sino hacer un documental, pero volvamos mejor a mi viaje a España. En realidad, yo había volado a París y de ahí viajé luego en tren a un pueblo cerca de Lourdes, que se llama Argeles-Gazost, para recoger el DAF, en que luego fui a Barcelona.
Los organizadores del congreso habían hecho arreglos para que los participantes que no querían pagar un hotel costoso se pudieran alojar en un Colegio mayor que en esos meses se encontraba desocupado.
Y allí se alojaban en realidad la mayoría de los congresistas, incluyendo a muchos colegas de los Estados Unidos. El agua de Barcelona no se puede beber por algún motivo y había que comprar botellas. Hacía mucho calor, pero el metro tiene aire acondicionado y por eso nadie se quería bajar al llegar a la estación cercana a la universidad, donde se celebraba el congreso.

Yo leí una ponencia sobre “Borges y Lovecraft”, que luego se publicó en las actas y en la revista española La balsa de la medusa, que también publicó mi artículo sobre “Sábato y Lovecraft”, que Espinasa ya me publicado en La orquesta y además se reprodujo en el suplemento de El Nacional.
Terminado el congreso, viajé a Madrid en el DAF vía Valencia. El día que iba a volver a Francia, el DAF no arrancó y tuve que llamar al seguro, que lo mandó a un taller, donde no lo pudieron arreglar, y finalmente me dijeron que lo mejor era enviarlo por tren a Argeles-Gazost y darme un boleto para que yo volara a Burdeos, donde un taxi me esperaba para llevarme a la casa de los padres de Catherine, que estaba como a 200 kilómetros. Todo eso por cuenta del seguro, imagínense.
Posteriormente, se aclaró que lo único que se necesitaba eran bujías, pero en Madrid no tenían las que requería el DAF, aunque en El corte inglés tenían casi todas.

El viaje por lo demás resultó fructífero, pues en la gare me compré una revista donde leí una entrevista de Milos Forman sobre su adaptación de Les liaisons dangereuses y así empecé a reunir textos acerca de las películas que se habían hecho sobre esa novela epistolar. Más tarde los traduje, y Espinasa me publicó el dossier en Nitrato de plata, una revista sobre cine. Además, en París, compré un ejemplar de Le médianoche amoureux, un libro de cuentos de Michel Tournier, de los que traduje luego unos diez.
Mis traducciones se publicaron en Casa del tiempo y La jornada semanal, gracias a Espinasa, así como en Plural y la revista de la UNAM, entre otras.
Por cierto, el artículo que escribí sobre “Colón en la pantalla” también me lo publicó Espinasa en Tierra adentro y una colega italiana que conocí en Barcelona se encargó de que se publicara en unos Quaderni di Filologia e Lingue Romanze de la universidad de Macerata y mi nota sobre “El impermeable de Colón” apareció en inglés en la revista Voices of Mexico.


Publicado en Diario de Xalapa, 23 de septiembre 2010.

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